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Revista Estudios en Seguridad y Defensa 3(5): 14-21, 2008

La transformación de la guerra y la naturaleza de las fronteras

OSCAR PALMA MORALES*


* Internacionalista de la Universidad del Rosario. Master en Estudios en Seguridad Internacional de la Universidad de Leicester como becario Chevening del Reino Unido. Asesor del CEESEDEN. Ex-Oficial Analista de Inteligencia Externa del Comando General de las Fuerzas Militares. Ex-Asesor de las Unidades de Trabajo Legislativo de las Senadoras Ingrid Betancourt y Cecilia Rodríguez.



Si bien las fronteras en el continente europeo, en su gran generalidad, han dejado de ser inviolables barreras de extensión de las soberanías nacionales convirtiéndose en puentes para la cooperación y la integración, especialmente en el marco de la Unión Europea; en el Sur global, incluyendo a Colombia, su carácter sigue siendo de confrontación y discordia. Un análisis de la transformación histórica de la guerra ayuda a explicar por qué estas fronteras son hoy, por un lado, espacios para la multiplicación del crimen, y por el otro, muros de un Estado hermético, concentrado en la defensa de su soberanía.


Los neoliberales de las Relaciones Internacionales han insistido en que el Estado como unidad básica de organización del sistema internacional viene perdiendo su protagonismo de forma exponencial junto con su capacidad de responder ante las problemáticas mundiales contemporáneas.

El continente europeo parecería así demostrarlo. Poco a poco, la soberanía nacional es devorada por los avances de las instituciones supranacionales de la Unión Europea, y a pesar que existe escepticismo en el avance en áreas como la seguridad y defensa, las fronteras, que en el siglo anterior fueron causa de las más inhumanas y sangrientas batallas, hoy, lánguidas, han dejado de ser obstáculo para la integración humana. No solo se vienen fusionando las economías con mercados, políticas y moneda comunes, los europeos cada vez más se acostumbran a una vida que divide sus actividades entre diferentes Naciones. El listado de quienes están dispuestos a sacrificar su soberanía por entrar al prestigioso club, es aún extensa e interesante, incluye a países como Croacia, Macedonia, Serbia, Bosnia, Turquía, Albania, Montenegro, y hasta el aun embriônico Kosovo.

Pero contrario a la experiencia europea, y en general, a la del mundo en desarrollo, el Sur mundial, incluyendo a Colombia, no ha logrado consolidar unas fronteras alejadas de una noción de estricta impenetrabilidad, perpetuando la ocurrencia de incidentes fronterizos que causan todo tipo de enfrentamientos entre Estados, como los recientes casos con nuestros vecinos de Ecuador y Venezuela bien lo ejemplifican. ¿A qué se debe que nuestras fronteras, y las de la mayoría de las regiones en desarrollo, sigan siendo espacios de enfrentamiento y no puentes de hermandad?

A pesar del empuje que las áreas de la Economía, las Finanzas y el Comercio le dan a la consolidación de los procesos de integración regional, la evolución histórica de la naturaleza y concepción de la guerra, y una serie de consecuentes dinámicas económicas propias de la seguridad en países con conflictos de baja intensidad, hacen que las fronteras sean, por un lado, puentes que faciliten la actividad criminal, y por otro sólidas barreras de demarcación de las inquebrantables e inamovibles soberanías nacionales.

Para entender este planteamiento, es necesario analizar cómo se ha presentado la transformación de la guerra, dejando a una Europa virtualmente pacífica, y llevando al sur una serie de elementos que constituyen las amenazas a la seguridad de hoy.

La Transformación y el Norte

Ampliamente estudiada por Clausewitz, la guerra trinitaria, aquella que reunía bajo una sola alma al Gobierno, la Nación y los Ejércitos, dominó la mayor parte de la historia reciente, abarcando desde la conformación de los Estados-Nación hasta lo que se conoce como ‘guerra total'. Esto es, la dedicación entera del Estado, incluyendo su Nación y su industria, al esfuerzo de la guerra, tal como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial.

Para entonces la lógica del conflicto obedecía a los dilemas de seguridad entre Estados, donde la ganancia de uno representaba la pérdida del otro, y donde las fronteras, grandes causantes de las guerras debido a la sed de territorios, configuraban demarcaciones radicales de la extensión de la soberanía.

Pero la utilización de armas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, abrió un nuevo escenario en la estrategia y concepción de la guerra. Durante el dilema bipolar de la Guerra Fría, la posibilidad de utilizar armas con una capacidad de destrucción tal que la supervivencia misma de la especie humana estaba en duda, generó dos importantes efectos. Por un lado, hizo los costos de la guerra entre superpotências tan elevado y catastrófico que se tornó impensable e indeseable. Por el otro, y como válvula de escape ante la imposibilidad de una confrontación directa, surgieron toda serie de conflictos de baja intensidad. América Latina, África y Asia se convirtieron en los teatros de guerra donde las potencias, como en el ajedrez, se enfrentaban a través de Ejércitos ajenos.

Con el fin de la Guerra Fría, el liberalismo democrático triunfó, y los Estados de Europa encontraron una relativa paz. Según las ¡deas de Kant, las democracias no entran en guerra con las democracias, son comunidades entre las cuales el conflicto ha dejado de existir. Independientemente de si tal afirmación es cierta, es evidente que la ausencia de confrontación ha llevado al aumento de la cooperación y la integración. Y a pesar de que el orgullo patrio y la identidad nacional siguen vigentes, las fronteras han dejado de ser motivo permanente de confrontación.

Las estadísticas así lo ratifican. El transporte aéreo de pasajeros aumentó astronómicamente de 200 millones de personas a mediados de los años setenta, a 705 millones en el 2005.1 En tierra, el transporte en bus, de 1970 a 1999 aumentó casi en 50%,2 mientras el comercio interno aumentó de 1 '864,996 a 2'433,235 (Mio ECU/Euros) en tan solo cuatro años de 2002 a 2006.3

La Transformación y el Sur

El panorama en el Sur es opuesto. Mary Kaldor, explica muy bien lo que pasa en el hemisferio con posterioridad a la terminación de la Guerra Fría: el surgimiento de las llamadas ‘Nuevas Guerras’ con una motivación y tipología diferente a las guerras trinitarias y las estrategias nucleares que hasta el momento había experimentado la sociedad internacional.

De acuerdo con Kaldor, este tipo de conflictos se caracterizan por una erosión de las distinciones entre la guerra estatal, el crimen organizado y las violaciones de Derechos Humanos en escala masiva. Un objetivo no geopolítico o ideológico, sino relativo a políticas de identidad. Una privatización de las Fuerzas Militares con el surgimiento de paramilitares, autodefensas, mercenarios extranjeros, y tropas internacionales. Unas finanzas basadas en mercados negros, extorsión, tráfico ilegal, fijación de impuestos ilegales, y puntos de chequeo. Finalmente, patrones de violencia ligados al control territorial mediante la consecución del apoyo de la población local.

La explicación de las causas de la guerra basada en políticas de identidad refleja de forma muy precisa la naturaleza de conflictos que se viven en África y Asia, como la emergente guerra de las siete Naciones donde participan Congo, Ruanda, Burundi, Angola, Zimbabwe, Eritrea y Namibia.4 La lucha independentista de rebeldes de Mindanao en Filipinas;^ la lucha de minorías Tamiles frente a la mayoría Sinalesa en Sri Lanka.

Los dilemas de identidad pueden no explicar las causas de las amenazas a la seguridad en Colombia, pero las características enunciadas por Kaldor sí dan algunas luces respecto al comportamiento del mismo: la penetración del crimen organizado en instancias políticas. La privatización de las Fuerzas Militares, que se da a través de la existencia de guerrillas, paramilitares, y bandas emergentes. Las finanzas basadas en mercados negros, el narcotráfico, la extorsión, los puntos de chequeo, los impuestos, el secuestro y las violaciones a los Derechos Humanos, de las cuales abundan los ejemplos.

Una mayor claridad sobre casos como el colombiano se aprecia con lo que David Keen denomina ‘las funciones económicas de la violencia'. Sus planteamientos parten de las premisas, muy ciertas para Latinoamérica, en cuanto a que las luchas ideológicas han cambiado y que la explicación de las guerras basada en motivaciones étnicas ignora aspectos sociales y políticos.

Afirma que en los conflictos internos existen cálculos económicos racionales que generan sistemas alternativos de ganancia, poder y protección, lo que desemboca en la configuración de regiones controladas por rebeldes que participan en el tráfico internacional. Dentro de estas actividades económicas se encuentran el pillaje, los pagos por protección, el tráfico (contrabando y narcóticos), la explotación laboral y la adquisición de tierras.

Estas condiciones son muy claras dentro de las dinámicas de seguridad en nuestro país. Independientemente del avance estratégico del Estado frente a las organizaciones armadas ¡legales, es evidente que tras el fin de la Guerra Fría, estas organizaciones degeneraron en empresas rentables del crimen, logrando cierto control sobre regiones particulares donde operaban. Si bien su control sobre el territorio ha disminuido, la rentabilidad de su actividad comercial, basada principalmente en el narcotráfico, perpetúa su existencia.

Nuestras Fronteras

¿Cómo influye esta realidad en la naturaleza de las fronteras en Colombia y en la región? Existen por lo menos dos impactos considerables, uno respecto a la funcionalidad de las mismas, y otro respecto a la naturaleza del Estado dentro del sistema internacional.

En relación al primero, por la naturaleza de las actividades económicas criminales, las organizaciones armadas ¡legales y los grupos criminales procuran utilizar las áreas de frontera porque ello representa todo tipo de positivos estratégicos. Por lo general, en Suramérica, y especialmente en la región Andina/Amazónica, son zonas despobladas, alejadas de las capitales constituyendo áreas menos vigiladas, se facilita el paso de insumos, narcóticos y contrabando de país a país; en evento de una ofensiva en su contra, el cruce de la frontera les garantiza una alternativa de escape. De esta forma las fronteras se convierten en un puente ideal para multiplicar la actividad criminal.

Tres ejemplos concretos ratifican esta situación. El área de la tri-frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay, es un centro de altísima actividad criminal. Esta región se ha convertido en un gran eje de apoyo logístico para organizaciones consideradas como terroristas, especialmente Hezbollah y posiblemente AI Qaeda.

El contrabando y las operaciones de lavado de dinero son constantes.5

La frontera norte de México con Estados Unidos es también un espacio estratégico para los carteles de Tijuana y Juárez, quienes asentados sobre la frontera, aprovechan la cercanía a Estados Unidos para crear corredores estratégicos y creativas formas para llevar los narcóticos a ese territorio.

El Caso colombiano no podría ser una excepción. Las regiones fronterizas de Nariño y Putumayo con Ecuador, y Catatumbo y Arauca con Venezuela, se han convertido en espacios deseados para las Fare y otras organizaciones armadas ¡legales. Existe allí una concentración considerable de plantaciones de hoja de coca,6 y desde allí se facilita su distribución. Paralelamente, el contrabando de armamento desde Venezuela, y de dinamita desde Ecuador, ha sido constante.7 Sirven también estos espacios como zonas de retaguardia, escape o abastecimiento de los criminales.

Qué mejor ejemplo para sustentar esta realidad que la reciente crisis con Ecuador, donde el territorio fronterizo de esa Nación, sirvió para refugiar a Raúl Reyes, miembro del Secretariado de las Fare. La decisión unilateral del Gobierno colombiano de ingresar a espacio soberano ecuatoriano para dar caza al afamado líder, y la consecuente y encolerizada respuesta del mandatario de ese país, ejemplifican a la perfección la segunda de las consecuencias de la transformación de la guerra en el Sur, explicada a continuación.

Es evidente que el surgimiento de organizaciones armadas al margen de la ley, y la existencia de sistemas económicos que fomentan la actividad criminal, y que funcionan bajo las dinámicas explicadas por Kaldor y Keen, son una amenaza para la institucio-nalidad del Estado. Si las fronteras de estos países son puentes para la reproducción de la criminalidad, naturalmente sus vecinos se sentirán altamente amenazados ante la posibilidad de la reproducción de ese sistema en su territorio. La reacción lógica es por tanto fortalecer sus fronteras y apegarse a la defensa del territorio nacional.

Como resultado, los Estados tenderán a ser menos abiertos a la cooperación y más apegados a la soberanía; menos entusiastas frente a la integración y más cerrados. Poco dispuestos a la creación de mecanismos comunes y operaciones combinadas, temiendo siempre involucrarse totalmente en la dinámica del conflicto. Ello explica la posición de Ecuador frente a supuestas acciones de las Fare en su territorio, manteniéndose firme en su posición de no participar en acciones que puedan involucrar a su país.8 Pero, ¿Contribuyen realmente sus posiciones a su seguridad a largo plazo?

Surge así una paradoja. Este tipo de amenaza tiende a exceder los espacios de un Estado en particular. Si éste neutraliza los elementos que constituyen el sistema económico, seguramente éstos se desplazarán a un territorio vecino, manteniendo la existencia de la amenaza, con el riesgo de retornar. Si la respuesta del Estado es endurecer sus fronteras y negarse a hallar soluciones conjuntas, entonces estará colaborando a perpetuar su existencia en vez de contribuir a su eliminación. Así los criminales terminan superando a los Estados, favorecidos por la existencia de un sistema internacional donde la soberanía sigue siendo un elemento estructural básico.

Si las plantaciones de coca fueran erradicadas del territorio colombiano, muy seguramente la producción se desplazaría a Ecuador, Perú, Brasil, o Venezuela, sin descartar que sean reintroducidas al país. El esfuerzo real, si se quiere combatir el flagelo del narcotráfico en los Andes, no debe basarse en las acciones que cada país pueda ejecutar, sino en un enfoque de acción conjunta regional.

Si bien una mayor cooperación puede esperarse en esquemas donde la amenaza de seguridad existe ya repartida entre varios territorios vecinos, como es el caso de la tri-frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay. Las dinámicas de la guerra en el Sur hacen que el Estado se parezca más al actor monolítico de la Realpolitik, concentrado en la preservación intacta de su soberanía y el aumento de su poder nacional, que al decadente y cooperativo estado del liberalismo y el internacionalismo.

Esto indica que los Estados seguirán siendo extremadamente recelosos con la inviolabilidad de su soberanía. Si bien es poco probable que exista una redistribución territorial entre países (salvo donde existan diferendos limítrofes) en gran parte gracias al avance del derecho y los regímenes internacionales, mientras existan factores que fomenten la criminalidad en las fronteras, éstas seguirán siendo motivo de confrontaciones, recelos, diferencias y disputas entre Estados. Sería ingenuo pensar que la distensión de la reciente crisis con Ecuador, Venezuela y Nicaragua es el fin de los incidentes fronterizos de Colombia.

Conclusiones

Si bien la transformación de la guerra ha hecho que el Norte global no viva el conflicto en sus propios territorios como ocurría en siglos anteriores, esto no implica que los países desarrollados estén

libres de futuros choques, y mucho menos ajenos de amenazas a su seguridad. Los atentados terroristas en Estados Unidos y Europa y la participación de sus tropas en escenarios como Afganistán e Irak demuestran que hay un cambio en el tipo de amenaza. Pero los avances en los procesos de integración han demostrado que el Estado soberano puede disminuir su protagonismo en un mundo de fronteras algo más efímeras.

Las fronteras en el Sur global, por el contrario, siguen obedeciendo a comportamientos del Estado centrados en la imposibilidad de ceder en su soberanía, todo ello como resultado de la transformación histórica de la guerra, la generación de conflictos de baja intensidad, y la existencia de intereses económicos en los conflictos internos, sin que sean éstas las causas exclusivas de dicha realidad. Este comportamiento seguirá, pero no representado en disminuciones territoriales, excepto lo que pueda resultar del diferendo con Nicaragua, sino en la reaparición de incidentes fronterizos causados por las Fare y otras organizaciones armadas o criminales que pondrán a prueba las relaciones con los países vecinos.


1 Eurostat, "Air Transport of Passengers". 2008. Online en: http://epp. eurostat.ec.europa.eu/portal/page?_page¡d= 1 996,391 40985&_ dad=portalSschema=PORTAL&screen=detallrefSlanguage=en&prod uct=Yearlies_new_transport&root=Yearlies_new_transport/G/ebal6656. Consultado en febrero 25. 2008
2 Eurostat. "Bus Transport of Passengers", 2008. Online en: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/portal/page?_pageid = 1996,391 40985 & dad = portal&_schema=PORTAL&screen=detallref&language=en&prod uct=Yearlles_new_transport&root=Yearlies_new_transport/G/ebal8192. Consultado en febrero 25. 2008.
3 Eurostat, "External and Intra-European Union Trade. Statistical Yearbook- Data 1958 - 2006". 2008. p. 147, Online en: http://epp.eurostat.ec.europa.eu/cacheZITY_OFFPUB/KS-CV-07-001/EN/KS-CV-07-001-EN.PDF. Consultado en febrero 25, 2008.
4 Ver: International Crisis Group. "Africa's Seven Nation War". 21 Mayo 1999, Online en http://www.crisisgroup.org/home/index.cfm7id=1643&I=1. Consultado en febrero 23, 2008.
5 Federal Research Division. Library of Congress of the United States and Director of Central Intelligence Crime and Narcotics Center, Terrorist and Organized Crime Croups in the Tri-Border Area (TBA) of South America, julio, 2003 en www.fas.org/irp/cia/product/frd0703.pdf. Consultado en febrero 21. 2008.
6 SALINAS. Yamile "Plan Colombia 2006" Instituto Nacional de Paz INDE-PAZ, Online en: www.lndepaz.org.co/myfiles/plancoljun06.pps. Consultado en febrero 15, 2008.
7 POSADA, Miguel, "Colombia, Venezuela, Brasil y Ecuador: Vecindario Peligroso". Centro de Estudios Sociopolítlcos. Enero, 2002. Online en: http:// www.cas.org.co/artlculos/articulos/VerArticulo.php?ld=22. Consultado en febrero 26. 2008.
8 RAMOS, Mario; "Ecuador - Colombia: La Seguridad no puede ser Ambigua". Marzo. 2006. Online en: http://www.voltairenet.org/articlel36588.html. Consultado en febrero 20. 2008.



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